Tengo un imán para las relaciones complicadas. No sé por qué siempre me encuentro con gente tan rara. Y no digo rara por su forma de vestir, o de pensar, sino por su maldad, por su poca capacidad de raciocinio… Voy a empezar hablando de la última relación-fracaso que he tenido… o mejor no. Voy a engañar al pensamiento, a la memoria, a los recuerdos, y voy a escoger sólo los buenos, y para eso, no puedo hablar de mi última relación-fracaso.
Voy a hablar de mis ganas de salir adelante. Y aunque a veces me sienta como en un pozo, siempre tengo la capacidad de reaccionar cuando la cosa se pone difícil. Ahora no debería pensar en el pasado. Las cosas no me van mal. He tenido unos meses de suerte en los que no me ha faltado dos de las tres cosas más importantesen ésta vida, al menos, según aquella canción. Parece que necesito tener las tres para ser feliz. Quizás sea un ser extraño al que no le satisface nada… no lo sé, pero sí sé que en ésta vida, le doy mucha importancia al amor. Y creo que eso es algo estúpido. Otro enganche, otra dependencia más para el cuerpo y la mente. El amor es otro vicio que los países occidentales hemos mitificado. Si fuera tan bueno, tan sano, no causaría esos daños colaterales que se producen cuando llega el desamor, o incluso, cuando estando enamorados ensuciamos ese sentimiento con celos, desconfianza y mentiras. El amor es insano, “el amor perjudica seriamente a la salud”. Y al final he acabado hablando de ese pasado que pretendía dejar aparcado. Ahora que un nuevo amor llega a mi, he de aprender a saber tratarlo, a quererlo pero no a necesitarlo… a echarlo de menos, pero no a depender de él… simplemente, a saber compartirlo sin invadirnos el espacio.